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Una expedición oceanográfica para mapear el planeta

La expedición suiza The Ocean Mapping Expedition que está dando una vuelta al mundo a bordo del velero Fleur de Passion, que durará hasta el 2019, siguiendo la estela de Magallanes, ha identificado ya, en el marco del programa ‘The Winds of Change’, numerosas zonas de fuerte emisión de metano y dióxido de carbono entre Mactán (Filipinas) y Singapur.

Otro de los proyectos a bordo de la expedición es ‘20.000 sonidos bajo el mar’, del Laboratorio de Aplicaciones Bioacústicas (LAB) de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), que alerta de que ninguna región del globo está ya libre de contaminación acústica, excepto entre la Polinesia francesa y Australia.

Mapa con el itinerario previsto de la vuelta al mundo del velero Fleur de Passion, en el marco de The Ocean Mapping Expedition. Crédito: The OMExpedition

Iniciado en Mactán (Filipinas) en diciembre de 2017, el proyecto pionero de monitorización continua de los gases de efecto invernadero en la superficie de los océanos The Winds of Change, que se lleva a cabo a bordo del velero Fleur de Passion, en colaboración con la Universidad de Ginebra, en el marco de The Ocean Mapping Expedition, ha permitido recoger en tiempo real y de modo continuo datos de referencia esenciales acerca de las concentraciones de metano y dióxido de carbono a lo largo de toda la ruta del barco hasta Singapur, en donde hace escala desde el 13 hasta el 25 de marzo, procedente de Brunei y de Kuching. El programa The Winds of Change ha permitido asimismo identificar los primeros puntos críticos de estas zonas de fuerte emisión de gases de efecto invernadero cuya dinámica requiere una vigilancia especial por parte de la comunidad científica.

El programa tiene como objetivo aportar a la comunidad científica datos de campo inéditos que contribuyan a una mejor comprensión del papel de los océanos en el problema del calentamiento global. Los científicos de la expedición alertan de que, a la vista de la preocupante evolución del clima y de la acidificación de los océanos que se deriva de ello, deben revisarse de manera urgente los conceptos sobre el ciclo del carbono a escala global. “Las concentraciones de metano y de dióxido de carbono experimentan claros aumentos en la proximidad de las ciudades, cerca de las islas y en la superficie de las aguas poco profundas o, dicho de otro modo, en las zonas con impacto de la actividad humana y donde se observa una mayor proliferación de alga”, explica el profesor Daniel McGinnis, jefe del Grupo de Física Acuática de la Universidad de Ginebra y responsable del proyecto.

“En el proyecto ya se han revelado muchos puntos críticos, zonas con una tasa de emisión de gases de efecto invernadero muy elevada que requerirían estudios más profundos, como por ejemplo en Mactán, donde se han detectado emisiones de metano más de seis veces superiores a la media”, prosigue el profesor McGinnis.

En el marco de este programa el velero de 33 metros Fleur de Passion -un viejo buscaminas de la Marina alemana construido en 1941 y transformado después en queche que hace la vuelta al mundo en cuatro años (2015-2019) siguiendo la estela de Magallanes- está equipado con un analizador de gases de efecto invernadero conectado a una toma de aire situada a 16 metros sobre la superficie del mar, en el palo de mesana (en la popa del barco). Con este equipamiento realiza análisis de forma automática cada minuto. Así continuará su misión climática hasta que la expedición alrededor del mundo finalice en agosto de 2019 en Sevilla.

El velero Fleur de Passion en plena travesía.

 

The Ocean Mapping Expedition, que tiene como objetivo contribuir a una mayor concienciación sobre los retos del desarrollo sostenible, dirige dos programas más inéditos. Uno es el proyecto 20.000 sonidos bajo el mar, del Laboratorio de Aplicaciones Bioacústicas de la UPC, y dirigido por el investigador Michel André, el único español en esta expedición y que se dedica a realizar el mapa interno de la contaminación sonora en los océanos. “La contaminación acústica de los océanos es reconocida actualmente como una de las más importantes fuentes de perturbación de los ecosistemas marinos y una amenaza contra el equilibrio natural de los océanos”, recuerda Michel André, responsable del proyecto 20.000 sonidos bajo el mar.

“Esta contaminación es poco conocida por el gran público, ya que es invisible e inaudible al oído humano. Sin embargo, aumenta con el desarrollo de las actividades industriales en el mar y se difunde a gran velocidad hasta todos los rincones del planeta, hasta tal punto que prácticamente ninguna región del globo está libre”, afirma Michel André. Y añade: “Excepto, quizás, entre la Polinesia francesa y Australia, donde los niveles de ruido registrados por la expedición se aproximan al nivel natural de los océanos, es decir, un nivel de contaminación acústica cero, equivalente al que existía en la era preindustrial”, precisa Michel André. Los primeros registros se pueden consultar en http://omexpedition.listentothedeep.com/acoustics/

En cambio, en otras regiones del mundo, como la Gran Barrera de Coral, es diferente. “Debido a que la mayoría de los organismos vivos que se encuentran producen sonidos, cartografiar el paisaje sonoro de este entorno es crucial para comprender los cambios en curso”, explica el científico de la UPC.

“El programa 20.000 sonidos bajo el mar ha tomado muestras de sonidos en diferentes lugares que están siendo analizadas y comparadas con el estado de salud de los arrecifes de coral afectados. Se prevé que esto contribuya significativamente a la comprensión del alcance del daño que está experimentando este ecosistema”, afirma Michel André. De Sevilla a Singapur, la tripulación ha recogido hasta ahora 148 muestras de agua en superficie que están siendo analizadas por los biólogos de Oceaneye. La cartografía de las muestras analizadas se puede consultar en www.oceaneye.ch/cartographie

 

La grabación de sonidos bajo el mar es una de las misiones que está abordando el velero Fleur de Passion durante su viaje alrededor del mundo. Uno de sus objetivos es conocer cuál es el estado de salud de la Gran Barrera de Coral de Australia.

El sistema de hidrófonos de 20.000 sonidos bajo el mar detecta y clasifica automáticamente todos los sonidos de origen humano o naturales, a lo largo del recorrido del velero Fleur de Passion por todo el mundo. Se trata de un dispositivo innovador que integra tecnología de internet, lo que permite el control a distancia de forma que la tripulación a bordo sólo tiene que introducir hidrófonos en el agua y los investigadores del LAB pueden activar y manipular los equipamientos de recogida y transmisión de datos desde el Laboratorio. El sistema, además, envía, a tiempo real, los sonidos y las imágenes captadas con cámaras submarinas instaladas en los hidrófonos, a los investigadores del LAB, laboratorio vinculado a la Escuela Politécnica Superior de Ingeniería de Vilanova y la Geltrú (EPSEVG), en el Campus de la UPC en esta localidad.

Además de este proyecto, a bordo del velero se desarrolla también el programa ‘Micromégas’, sobre la contaminación por microplásticos, en colaboración con la asociación Oceaneye de Ginebra.

Desde abril de 2017, la expedición abrió, además, un segundo campo de investigación sobre el calentamiento global, otro gran impacto humano sobre los océanos junto con la contaminación y la sobrepesca. En colaboración con el proyecto ‘CoralWatch’ de la Universidad de Queensland en Brisbane (Australia), la tripulación del Fleur de Passionrealiza observaciones del estado de salud de los corales, víctimas de un proceso de blanqueamiento vinculado al calentamiento de las aguas. A mediados de marzo, se han llevado a cabo más de 1.300 observaciones en Australia, las Islas Salomón, Papúa-Nueva Guinea, Indonesia y Filipinas, a medida que la expedición avanza en su ruta siguiendo la estela de Magallanes. Esta información, transmitida a CoralWatch, pasa a formar parte de una amplia base de datos generada por el proyecto y que abarca 77 países.

El proyecto 20.000 sonidos bajo el mar de la UPC también contribuye a entender el estado de salud de la Gran Barrera de Coral midiendo su paisaje sonoro a una escala hasta ahora nunca estudiada.

 

 

Vía: Tiempo (Revista Ram)

 

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