Salud Social

¿Qué va a pasar después de la covid-19?Lo comunitario a escena

La respuesta a la situación de crisis extrema que ha provocado la pandemia por coronavirus, una vez aplanada la emergencia sanitaria, debe contemplar también la vertiente comunitaria, porque solo se podrá afrontar realmente conjugando la acción institucional con la implicación social en el marco local. Reflexiona sobre ello Vicente Zapata, geógrafo, profesor de la Universidad de La Laguna y emprendedor social de la Red Impulsores del Cambio (RIC).

¿Qué va a pasar después de la COVID-19? El desarrollo de la pandemia internacional provocada por el coronavirus está registrando sus efectos más negativos en el marco local, allí donde las personas, las familias y las comunidades se desenvuelven cotidianamente.

En ese ámbito se harán más evidentes y crecerán las dificultades a lo largo del tiempo y, además, se corre el riesgo de que las soluciones que se articulen sean insuficientes e ineficaces por la profundidad de la crisis y la débil resiliencia y capacidad organizativa existente. Y esto ocurrirá, de modo particular, en contextos en los que se ha ido perdiendo la sensibilidad hacia lo colectivo, frente a la consolidación de ideas y formas más individuales de enfrentar la vida.

Por ello, la réplica que debemos ofrecer tiene que trascender de la mera respuesta asistencial con carácter coyuntural, orientándose también hacia la optimización y adecuada organización del amplio y diverso conjunto de medios y recursos que se articularán desde múltiples esferas. Debe incluir, además, la necesaria presencia y aportación ciudadana y de sus organizaciones, favoreciendo el impulso de procesos de desarrollo comunitario a través de una intervención mucho más amplia e integrada. Todo ello, en consonancia con la profundidad y permanencia que se espera de una crisis con la que, con bastante probabilidad, habrá que convivir durante un tiempo largo pero indeterminado.

Actuar con enfoque comunitario supone la conformación de sólidos contextos de respuesta, abiertos a la participación e incluyentes, que identifiquen, organicen y coordinen iniciativas, medios y recursos disponibles, incluso nuevas ideas y propuestas que aporten soluciones efectivas ante la enorme diversidad de problemas que ya se manifiestan y se esperan. Se conseguirá estableciendo estrategias adaptadas a cada realidad y centradas en los requerimientos de las personas, familias y colectivos en mayor situación de vulnerabilidad, formuladas, aplicadas y evaluadas contando con la complicidad del conjunto social.

qué va a pasar después del COVID-19

Se plantea así abordar un trabajo especializado, en contacto directo e implicando a los actores de cada marco local y en estrecha relación con las áreas y recursos institucionales, a través de la labor de equipos competentes y versátiles que no tengan que realizar prestaciones específicas. Equipos comunitarios que se encarguen de mejorar la capacidad de organización e innovación de cada territorio delimitado (comarca, municipio, distrito, entidad de población, barrio o pueblo), identificando tanto sus carencias y necesidades como su potencial para hacer frente a la adversidad y a una mejor gestión de los medios disponibles —y atraer otros, si cabe—, además bien conectados con las administraciones de referencia y el resto de recursos públicos y privados de los que sea posible disponer.

Esta dinámica de trabajo debe implicar y hacer partícipe a la vecindad, a las entidades sociales, al tejido asociativo, a las organizaciones de distinta naturaleza presentes en el territorio e, indudablemente, también al sector empresarial, junto al resto de ámbitos imprescindibles para el desarrollo individual y colectivo (salud, educación, empleo, asistencia social, seguridad, etc.). Actuando en el marco local pero con perspectiva más amplia, se podrán transferir e intercambiar asimismo las soluciones y los aprendizajes que se vayan identificando y desarrollando en cada lugar. Este enfoque reconoce y aprovecha las capacidades y la experiencia de cada comunidad, cultivando además los valores humanos fundamentales, claves para conformar una salida a la crisis que procure la inclusión de todos sus componentes.

Incidiríamos de este modo en el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 11Ciudades y comunidades sostenibles, que pretende “lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles”, de manera que puedan continuar siendo prósperos y articulando oportunidades para su población, por la vía de aprovechar mejor sus capacidades y recursos. Se generarían asimismo ricos aprendizajes colectivos, imprescindibles para enfrentar y gestionar de una forma más conveniente futuros escenarios de gran complejidad. También circunstancias similares a las propiciadas por el coronavirus, proceso en el que, por lo menos inicialmente, las administraciones y la sociedad parecen haber avanzado por canales escasamente confluyentes.

Precisamos entonces que las personas que tienen responsabilidad política, sobre todo, sean conscientes de la magnitud de la situación y de su incierto recorrido futuro, de las limitaciones propias de las administraciones que representan y del imprescindible aporte ciudadano en perspectiva comunitaria. Y en ese contexto, de la necesidad —y al mismo tiempo, de la oportunidad— de renovar, para reforzar la debilitada alianza entre las instituciones y la sociedad a la que se deben. Solo así parece que se podrá superar con garantías este colosal desafío y, además, saliendo reforzados en todas las dimensiones de nuestra realidad. Basta con que se pregunten, con que nos preguntemos, ¿qué va a pasar después de la covid-19? ¿Y mañana, qué?.

Vía: fundacionaquae

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