Las nubes se recuperan cuando los aviones dejan de volar por la pandemia

Las nubes se recuperan cuando los aviones dejan de volar por la pandemia

Antes del confinamiento, la mayor parte de los estudios sobre aviación y cambio climático, por ejemplo, se basaban en modelos teóricos.

Cualquier aeronave vuela en la troposfera, la capa de aire que está sobre la superfície de la tierra. Esa capa contiene mitad de del aire de nuestra atmósfera(que está dividida en 5 capas).

Pero la troposfera no es ideal para vuelos largos, los “transoceánicos” por eso los aviones a reacción de aerolíneas llegan al límite de la troposfera, ya en la estratosfera(la capa seguiente pero no hay una línea clara entre las dos), pero abajo de la camada de ozono, que nos proteje de la radiación ultravioleta.(Los aviones en general son equipados con “vidrios” que absorben mucho de la luminosidad, incluiendo el espectro no visible) sobretodo en la cabina del piloto.

Pero junto al ruido y los gases tóxicos, hay otro factor contaminante que ha pasado más bien desapercibido: las estelas blancas que se dibujan en el cielo tras el paso de un aeroplano.

La drástica reducción de vuelos comerciales durante los meses críticos de la pandemia por la Covid-19 se ha convertido en un experimento de gran escala sobre los efectos de la aviación en las nubes, el clima y la contaminación atmosférica.

Ahora se están analizando datos concretos, comparando la realidad de la atmósfera con tráfico aéreo y sin él. Se debe destacar, al respecto, que el problema va mucho más allá de la emisión -en los motores de los aviones- de gases contaminantes y con efecto invernadero.

Una de las investigaciones más avanzadas en esta materia es la liderada por Johannes Quaas, profesor de meteorología de la Universidad de Leipzig (Alemania). Los resultados de uno de sus trabajos, cuyos resultados se publican esta semana en Environmental Research Letters , muestran la formación de cirros (cirrus, tipo de nube compuesta de cristales de hielo) por el paso de aviones, comparando el período de marzo a mayo de 2020 (durante el confinamiento por la pandemia) con los mismos meses de años anteriores (con las rutas y vuelos habituales). 

«Las aeronaves producen estelas de condensación, que se cree que aumentan la nubosidad de alto nivel bajo ciertas condiciones. Sin embargo, la magnitud de tal efecto y si esto contribuye sustancialmente al forzamiento radiativo debido al sector de la aviación sigue siendo incierto. La reducción muy sustancial y casi global del tráfico aéreo en respuesta a la pandemia por la Covid-19 ofrece una oportunidad sin precedentes para identificar la contribución antropogénica a la cobertura y el grosor de cirros observados», exponen los autores en el resumen de su publicación.

Impacto en el efecto invernadero

Los investigadores recuerdan que los cirros contribuyen al efecto invernadero porque, aunque reflejan la luz solar a su llegada a la Tierra, provocan que el calor acumulado en la superficie terrestre no pueda dispersarse (escapar) con facilidad hacia las capas altas de la atmósfera. En consecuencia, con una  mayor es la presencia de cirros se debe esperar un mayor  calentamiento global.

En determinadas condiciones, los aviones en vuelo forman senderos o estelas de condensación y estas, en principio, pequeñas nubes en forma de líneas (las que vemos a simple vista tras las aeronaves en vuelo), «pueden persistir y extenderse para formar cirros más grandes; en cuyo caso su efecto sobre el clima es mucho mayor que el de las estelas estrechas por sí solas», detalla la Universidad de Leipzig en una nota informativa sobre el estudio encabezado por el profesor  Quaas.

El estudio ahora publicado presenta un análisis detallado de las imágenes tomadas desde satélites de nubes en el hemisferio norte en los dos períodos indicados (con y sin efectos de la pandemia en la navegación aérea).

El análisis de los datos recopilados mostró que se formaron un 9% menos de cirros durante el bloqueo global (período sin vuelos), y que las nubes también eran un 2% menos densas, comparado con el mismo periodo de años anteriores.

«El estudio demuestra claramente que existe una causa-efecto:  las estelas de los aviones generan más cirros y este fenómeno tiene un impacto en el calentamiento global», explica el profesor Quaas.

Vía: https://www.lavanguardia.com/

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