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Sin la Luna, la vida como la conocemos sería imposible

En el 50 aniversario de la llegada del ser humano a la Luna, repasamos la decisiva influencia del satélite en el devenir de la Tierra. Este objeto astronómico ha establecido la duración actual de los días, nos protege de los peligros del cosmos e impulsó el origen de la vida.

“Un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad”. Con estas palabras, el astronauta Neil Armstrong narró sus primeros pasos sobre la Luna cuando el 20 de julio de 1969 el Módulo Lunar Eagle aterrizó en la superficie del satélite. Ahora, 50 años después, la humanidad a la que hacía referencia Armstrong conmemora este momento e, incluso, se atreve a imaginar y organizar futuros planes de colonización.

No obstante, la Luna es mucho más que la protagonista de esa famosa gesta o un vasto lugar listo para ser explotado por el ser humano. Nuestro satélite es, según Javier Armentia Fructuoso, astrofísico y director del Planetario de Pamplona, la “compañera perfecta de la Tierra” y a la que debemos “la vida tal y como la conocemos ahora”.

La Tierra, en sus orígenes, era un planeta inhóspito y que, según Maggie Aderin-Pocock, divulgadora científica inglesa, no estaba destinado a albergar vida. Sin embargo, todo cambió gracias a la colisión de un cuerpo con un tamaño similar a Marte en la superficie de esta primitiva Tierra.

A raíz de él, la tierra inclinó su eje en 23 grados, lo suficiente como para permitir variaciones de la luz del sol en la superficie, y lo más importante: surgió la Luna, que se encargó más adelante de encauzar a la Tierra a su situación actual.

“En un principio, nuestra luna estabilizó la órbita de la Tierra”, recuerda Javier Armentia. Hubo un tiempo en que nuestro planeta tuvo un ciclo en el que giraba tan rápido que los días duraban alrededor de seis horas. Todo cambió gracias a la influencia de la Luna que “actuó como un frenoque, además de dar origen a los días actuales, estabilizó los climas de la Tierra, creó las estaciones y, como consecuencia, propició el nacimiento de la vida”, explica Javier Armentia.

“Sin la Luna, es posible que se hubiesen dado casos de catástrofes climáticas en la Tierra que hubieran impedido de algún modo la formación de la vida”, indica el astrofísico.

Las mareas, el gran trabajo de la Luna

La influencia en la órbita de la Tierra no es en lo único en lo que la Luna juega un papel fundamental. Nuestro satélite es también el artífice de uno de los fenómenos más destacados en nuestro planeta: las mareas.

“Gracias a la atracción gravitatoria de la Luna, las masas de agua se ven influidas en mayor o en menor medida”, indica Javier Armentia. “Las que están más cerca de la Luna serán las que se corresponden con las mareas altas, mientras las que están más alejadas se verán envueltas en un régimen de marea baja”, añade.

Para Maggie Aderin-Pocock, además de la estabilización de la órbita, este fenómeno fue crucial para la formación de la vida: “El reflujo de las mareas pudo permitir que pequeñas cantidades de agua quedasen aisladas, formando así unos charcos en los que, gracias a la influencia de otros factores como la luz ultravioleta, originasen los elementos más básicos de la vida”.

Una teoría sustentada, por otro lado, por actuales estudios y por experimentos pasados, como el del químico estadounidense Stanley Miller.

Para Javier Armentia, la vida se hubiese terminado de dar en los mares con o sin Luna, aunque apunta que “sin las mareas, hubiese tardado mucho más tiempo en escapar a la superficie”.

La Luna, el escudo de nuestro planeta

Nuestro satélite no solo favoreció la formación de la vida en la Tierra, sino que la protegió de los peligros espaciales. Una tarea que sigue realizando actualmente. Para comprobarlo, solo hay que mirar a su superficie llena de cráteres, que no son sino el reflejo de asteroides que pudieron llegar a la Tierra pero que se toparon antes con la Luna.

“Al estar alrededor de la Tierra, la Luna ha hecho de parapeto gravitacional que nos ha protegido de posibles impactos de asteroides. Gracias a su fuerza de atracción, los cuerpos celestes cambiaban su trayectoria y acababan chocando con nuestro satélite”, comenta Javier Armentia.

La luna como faro de la vida

Algunos seres vivos necesitan de una guía, un faro que les muestre la dirección hacia determinados lugares o que les informe de determinadas épocas para iniciar, por ejemplo, ciclos reproductivos. En el caso de la Tierra, la Luna es quien realiza esa función.

Maggie Aderin-Pocock explica en el documental Do We Really Need the Moon? (¿Realmente necesitamos a la Luna?, en español) que existen una gran cantidad de animales y vegetales que necesitan a nuestro satélite para poder sobrevivir. Es el caso de los sargazos o de algunas especies de corales que, teniendo en cuenta los ciclos de la Luna, establecen patrones de crecimiento o de reproducción.

También otros seres como las polillas necesitan a la Luna para guiarse debido a que se trata de criaturas nocturnas. De hecho, es por esto por lo que las polillas se ven atraídas a las fuentes de luz artificiales, como las bombillas, ya que ven en ellas la figura de nuestro satélite.

La Luna no es, por tanto, un satélite más en el cosmos. Gracias a ella, la raza humana ha podido dar pequeños pasos para avanzar en sus conocimientos, pero fue la vida en general quien ha podido dar el gran salto al desarrollo y poder crear todo lo que somo ahora.

Vía: elagoradiario

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