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Los pilares de luz, un fenómeno óptico fascinante

Se forman cuando una fuente de luz natural o artificial se refleja en los diminutos cristales de hielo que hay en la atmósfera en las zonas donde hace más frío.

Si te encuentras en el lugar y en el momento adecuados el cielo puede sorprenderte con fascinantes formas y colores capaces de deslumbrar por completo tu retina. Quizás el ejemplo más claro de ello son las auroras boreales, que se dan normalmente en las regiones polares cuando no hay vientos cerca de la superficie.

Se producen por la interacción entre las partículas del viento solar y los átomos y moléculas presentes en la atmósfera, lo que hace que el cielo se tiña de una mezcla de colores que va del verde al azul. El espectáculo de color es, en concreto, consecuencia de la excitación de las partículas de oxígeno y de nitrógeno suspendidas en el aire.

Sin embargo, esta no es la única razón por la que el cielo puede llegar a teñirse de color, pues algo parecido ocurre cuando una fuente de luz natural o artificial se ve reflejada en los diminutos cristales de hielo que hay suspendidos en la atmósfera o en las nubes a poca altura de la superficie en ciertas partes del globo terráqueo.

Esta circunstancia hace que se formen los comúnmente conocidos como ‘pilares de luz’, que tienen forma de columna que emerge en el horizonte y apunta hacia el cielo, como si de una luz de neón se tratara.

Los cristales de hielo, de cuyo tamaño depende el de la columna de luz, se forman a grandes alturas -incluso a varios kilómetros de la superficie terrestre- y, cuando bajan porque lo hace también la temperatura, actúan como una especie de espejo gigante, lo que hace que se acabe creando una imagen virtual de lo más alienígena.

A diferencia de las auroras, cuyo color depende de las partículas de gas suspendidas en el aire, los pilares de luz pueden adoptar tonalidades mucho más variadas, pues los cristales de hielo reflejan el color original de la fuente de luz que se refleja en ellos.

Los cristales de hielo son planos y hexagonales, lo que hace que se dispongan horizontalmente
Los cristales de hielo son planos y hexagonales, lo que hace que se dispongan horizontalmente (Les Cowley)

En zonas como Canadá o Rusia, donde es común observar auroras boreales, es fácil confundir éstas con pilares de luz, si bien el motivo por el que se produce cada uno de estos fenómenos es muy distinto.

Sin embargo, para observar los pilares de luz no es necesario desplazarse hasta lugares remotos libres de contaminación lumínica, que es desde donde mejor se advierten las auroras. De hecho, el propio alumbrado público de las ciudades es capaz de crear estas columnas lumínicas.

Eso sí, para que este fenómeno óptico se produzca la temperatura debe de ser lo suficientemente baja como para que se formen los cristales de hielo y vayan descendiendo a la vez que pierden poco a poco y por culpa de la turbulencia la horizontalidad que les concede su morfología plana y hexagonal.

Además, el aire debe de estar considerablemente limpio para que las haces de luz se proyecten hacia arriba y hacia abajo, formando una estructura vertical.

Esto hace que los pilares de luz suelan verse, normalmente, a latitudes altas -las más frías-, aunque en algunas ocasiones se han visto también en zonas más cálidas cuando estas han sido azotadas, por ejemplo, por una ola de frío, como ocurrió en 2017 en el estado norteamericano de Ohio.

En las ciudades, de noche, estas columnas suelen adoptar el color anaranjado de la luz de las farolas. No obstante, los rayos de luz también pueden aparecer repentinamente en el cielo cuando la luz del sol naciente o poniente golpea los cristales de hielo i crea lo que se conoce como ‘pilares solares’. En este caso, las barras de luz adoptan los tonos rosados rojos y naranjas del sol cuando está próximo o por debajo del horizonte.

Vía: lavanguardia

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