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Los incendios pueden provocar tormentas

El calor desencadena una dinámica de corrientes de aire que origina un tipo de nube llamado pirocúmulonimbo. Estas nubes, que se alimentan del humo sucio del fuego, pueden evolucionar hasta convertirse en tormentosas.

En raras ocasiones ayudan a sofocar el fuego dejando caer lluvia; son muchas más las que provocan una actividad eléctrica que llega a dificultar la extinción de los incendios. El problema es que los rayos pueden prender nuevos focos.

En ocasiones se han observado pirocúmulos tan desarrollados que han llegado a descargar algún chubasco, incluso tan intenso como para apagar el propio incendio. En zonas subtropicales, las corrientes ascendentes de los incendios pueden ser tan violentas que las nubes alcanzan la dimensión de cumulonimbos o nubes de tormenta, descargando precipitación acompañada de rayos y truenos.

Recordamos unas imágenes escalofriantes de la enorme erupción volcánica del Pinatubo, en la isla de Luzón, en Filipinas, en junio de 1991. La nube volcánica atravesó la troposfera, penetró en la estratosfera, oscureció el cielo durante el día, como si fuera noche cerrada, y provocó precipitaciones de lluvia con cenizas y acompañada de gran cantidad de rayos. Fue el máximo exponente de una nube creada por una erupción volcánica en el siglo XX.

Vía: quo.es/ciencia

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