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La increíble odisea de los patitos de juguete

La increí­ble odisea de los patitos de juguete

La caí­da al mar del contenedor de un buque que habí­a zarpado de Hong Kong tuvo una consecuencia inesperada. Los 28 mil patitos, ranas y otros juguetes para bañeras que formaban parte de su cargamento, comenzaron un largo recorrido de miles y miles de kilómetros que sirvió para que la Ciencia pudiera determinar con precisión el rumbo de las corrientes oceánicas del Pací­fico.

Desde enero de 1992, una verdadera flotilla de patitos amarillos, tortugas azules, ranas verdes y castores de plástico rojo ha navegado durante años a merced de los vientos y las corrientes del océano, resultando desteñidos por el Sol, mordidos por depredadores marinos y resistiendo tediosos perí­odos de calma chicha y violentas tempestades. Muchos quedaron atrapados en la isla de basura flotante del Océano Pací­fico; otros siguieron su camino hasta terminar varados en las costas occidentales de Estados Unidos y Canadá, mientras que el resto continúa su increí­ble trayecto, atravesando las frí­as aguas polares y llegando hasta el Océano Atlántico Norte.

Los vivos colores de los patitos de juguete y sus amigos de plástico los volví­an muy fáciles de distinguir a la distancia. Curtis Ebbesmeyer, un oceanógrafo de Seattle, tuvo la gran idea de seguir el rastro de los juguetes y comenzó a recolectar los informes de avistamientos para localizar con precisión el paradero de los patitos. También comenzó a recogerlos en las playas durante varios años más tarde, tal como lo consigna en su sitio web Beachcombers Alert.

Curtis Ebbesmeyer y la odisea de los patitos de juguete

Ebbesmeyer se encontraba desarrollando un modelo informático del comportamiento de las corrientes marinas junto con su colega Jim Ingraham, y el estudio del recorrido de los patitos de juguete representó una ayuda fundamental para el perfeccionamiento de su trabajo. Como pudieron establecer con exactitud el lugar en donde los patitos cayeron al mar, ambos cientí­ficos utilizaron ese dato para comprobar el funcionamiento de su modelo informático, siendo capaces de calcular el lugar y la fecha en que los juguetes debí­an tocar tierra.

Los reportes de avistamientos cumplieron un papel crucial en la investigación. Ingraham y Ebbesmeyer alertaron a los encargados de limpiar las playas y a los trabajadores de los faros para que les informasen de inmediato si encontraban algún juguete de plástico en las costas. También se colocaron avisos con las imágenes de los patitos, solicitando la colaboración del público. Finalmente, los primeros juguetes se hallaron en las costas de Alaska en noviembre de 1992, a 3200 kilómetros del lugar en donde habí­an caí­do al mar. Con el paso de los años, centenares de patitos fueron recuperados a lo largo de una franja costera de 850 kilómetros de extensión.

La investigación de Ebbesmeyer no se ha limitado al seguimiento de los patitos de plástico. También se ha encargado de rastrear otros curiosos cargamentos que cayeron al mar, como por ejemplo una partida de 33 mil zapatillas Nike a la altura de la costa californiana y otra remesa de 34 mil guantes de hockey. El software de Ingraham, llamado OSCURS (Ocean Surface CUrrents Simulator) es calibrado especí­ficamente para compensar la velocidad de desplazamiento de los diferentes objetos flotantes que se rastrean, aplicando un «factor viento». Por ejemplo, mientras que los patitos de juguetes circulan dos veces más rápido que el agua, las zapatillas viajan sólo un 20% más velozmente.

La increí­ble odisea de los patitos de juguete

Aunque los patitos y los castores han perdido sus colores originales debido a la acción del Sol y los elementos, las ranas y tortugas continúan flotando con sus vivos tonos azules y verdes. Los últimos avistamientos confirmados se produjeron en Alaska durante el año 2003, pero los oceanógrafos estiman que los incansables juguetitos han seguido navegando por las heladas aguas del Polo Norte y algunos ya deben estar flotando sobre el Océano Atlántico. Con algo de suerte, tal vez en algunos años se los pueda encontrar en las playas inglesas y españolas.

41 respuestas

  1. Increí­ble la publicación.
    Ojalá muchas otras cosas más pudieran reciclarse de tan fantástica manera.
    Nunca hubiese pensado que unos patitos como los que se encuentran en mi bañera tuvieran una función cientí­fica.

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