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El viento aumentó 7% en la última década

Las velocidades diarias promedio del viento están aumentando en gran parte del mundo después de aproximadamente 30 años de desaceleración gradual. Esto supone un impulso inesperado para la producción de energía eólica.

El viento también cambia, y no solo de dirección. Un nuevo estudio publicado en la revista Nature Climate Change, dirigida por un equipo de la Universidad de Princeton, muestra que las velocidades del viento en las regiones del norte de latitudes medias han aumentado aproximadamente un 7% desde 2010. Esto supone un cambio de tendencia que beneficia especialmente a la energía eólica: un molino cualquiera que recibe el viento promedio mundial ha producido aproximadamente un 17% más de energía en 2017 que en 2010.

Los hallazgos marcan una inversión del patrón de vientos decrecientes en estas regiones desde la década de 1980, un fenómeno conocido como quietud terrestre global. Centrándose en las regiones de América del Norte, Europa y Asia, donde la energía eólica está en aumento, los investigadores analizaron los registros de velocidad del viento recopilados entre 1978 y 2017 de más de 1.400 estaciones meteorológicas.

Zhenzhong Zeng, quien dirigió el estudio como investigador postdoctoral trabajando con Eric Wood, profesor emérito en Princeton, ha probado mediante su estudio que las oscilaciones de la atmósfera oceánica están directamente relacionadas con las velocidades de viento en tierra. El análisis mostró que en cada región del globo, esas oscilaciones específicas de la atmósfera oceánica a gran escala -impulsadas por muchos factores, incluido el calentamiento desigual de la superficie de la Tierra en diferentes regiones– fueron explicaciones probables de las tendencias observadas en las velocidades del viento.

Impulso para la energía eólica

Este tendencia al alza del viento puede explicar el porqué del aumento de la eficiencia energética de los molinos. Los investigadores calcularon que una turbina eólica típica que recibe el viento promedio mundial habría producido aproximadamente un 17% más de energía en 2017 que en 2010. Y utilizando índices climáticos para proyectar futuras velocidades del viento, predijeron un 37% de aumento para 2024.

“Predecimos que la tendencia creciente de la velocidad del viento continuará durante 10 años, pero también mostramos que debido a que esto es causado por las oscilaciones de la atmósfera oceánica, tal vez una década más tarde se revertirá nuevamente”, añade.

Y dado que la vida útil de una turbina eólica suele ser de 20 años como máximo, tener proyecciones confiables de la velocidad del viento en lugares particulares podría ser crucial para realizar inversiones inteligentes en energía eólica y aumentar la participación global de energía renovable.

“Conocer las posibles tendencias a la baja en las velocidades del viento a largo plazo puede ser muy útil para la planificación de la futura infraestructura de energía eólica“, apunta Charles Meneveau, profesor de Ingeniería Mecánica en la Universidad Johns Hopkins que no participó en el estudio. “Este tipo de investigación, que combina geociencias e ingeniería para dilucidar fenómenos de gran importancia social, es oportuna y aumentará nuestra comprensión de las estrechas conexiones entre el clima y la sociedad”, explica.

Vía: elagoradiario

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