El clima Salud

El verano, una ayuda para contener al coronavirus, pero no para frenarlo del todo

Los expertos advierten que los beneficios del clima estival podrían evaporarse si se abandonan las medidas preventivas.

ASHINGTON.- Nuevas investigaciones respaldan la teoría de que el calor, la humedad y la cantidad de horas de sol del verano, sumadas a la posibilidad de estar al aire libre, pueden desacelerar, aunque ciertamente no frenar, la propagación del nuevo coronavirus.

Pero los infectólogos agregan una advertencia: cualquier beneficio del clima estival se evapora si la gente empieza a pensar que cuando hace calor el virus no se propaga y empieza a abandonar las medidas que efectivamente frenan la propagación de los virus, como el distanciamiento social. «El clima hay que pensarlo como un factor secundario», dice Mohammad Jalali, profesor de la Escuela de Medicina de Harvard, que investigó los efectos del clima en la propagación de los virus.

Los efectos del clima fueron objeto de exhaustivas investigaciones en los últimos meses, y es especialmente relevante para el hemisferio norte ahora que se acerca al inicio de su temporada de verano. Países y ciudades están poniendo fin o modificando sus cuarentenas, y los millones de estudiantes que actualmente tienen clases por internet quedarán desocupados no bien termine el año escolar.

Muchas personas que estuvieron en cuarentena empezarán a salir a las playas, parques, piletas y lugares de recreación que de pronto entrañarán una carga de riesgo de transmisión viral muy difícil de determinar. Nadar en una pileta de agua con cloro sería seguro si la gente cumple con los dos metros de distanciamiento social. No hay evidencia de que el coronavirus pueda contagiarse a través del agua de las piletas, hidromasajes, spas o recreaciones acuáticas. La correcta operación y mantenimiento de las instalaciones debería ser suficiente.

Pero el coronavirus sí se contagia en las interacciones estrechas entre personas en cualquier circunstancia, en interiores y exteriores, con lluvia o sol. La imagen que devuelve el mundo es que tiene la capacidad de propagarse en cualquier clima. Los países cálidos, desde Indonesia y Singapur hasta Brasil y Ecuador, están sufriendo una propagación exponencial.

«Las condiciones ambientales son apenas un elemento más de la ecuación, y uno de los menos importantes. El Covid-19 se está propagando ferozmente por el mundo, en todas direcciones y condiciones climáticas», señala Tomás Molina, meteorólogo y profesor de la Universidad de Barcelona.

En las últimas semanas surgieron numerosos estudios e investigaciones basados en pruebas de laboratorio, simulaciones computarizadas y sofisticados análisis estadísticos que dan sustento a la idea de que el clima estival inhibe la difusión del virus.

Un nuevo informe compaginado por investigadores de la Escuela de Medicina de Harvard, el MIT y otras instituciones, analiza una infinidad de condiciones climáticas en 3739 lugares específicos del planeta, para intentar determinar «el riesgo relativo del Covid-19 en función del clima». El estudio reveló que las temperaturas promedio superiores a los 25°C aparecen asociadas a una reducción de la transmisión del virus.

Sin embargo, como otros estudios anteriores, la investigación de Harvard y el MIT también descubrió que la llegada del verano no alcanza para frenar del todo los contagios.

Los griegos invadieron ayer las playas en Atenas
Los griegos invadieron ayer las playas en Atenas Fuente: AP

Otros coronavirus, como los responsables del SARS y el MERS, demostraron ser estacionales, y se frenaron durante la temporada cálida, al igual que la gripe común. Hace meses que muchos expertos sospechan que el nuevo coronavirus podría comportarse de la misma manera.

Pero los factores estacionales en la propagación de los virus también funcionan al revés: luego de una disminución de los contagios en verano probablemente venga un incremento estacional en otoño.

David Rubin y sus colegas del PolicyLab del Hospital de Niños de Filadelfia incorporaron los factores climáticos a los modelos que desarrollaron y que muestran dónde y cuándo es conveniente y relativamente seguro relajar ciertas restricciones al aire libre.

«Por supuesto que el clima influye, pero no tanto como para eliminar por completo los contagios», dice Rubin. «Por eso siguen apareciendo casos nuevos en Florida, Texas y Tennessee», añade.

Varios estudios anteriores ya contenían evidencia del vínculo entre los rangos de temperatura y humedad y las regiones geográficas donde el virus más prosperó. Todos apuntan a lo mismo: durante el inminente verano boreal, en América del Norte y Europa la pandemia podría atenuarse, aunque también volver con toda la furia con la primera ráfaga de otoño.

Vía: Lanacion

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