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El mar de los Sargazos se vuelve un extenso océano

En el océano Atlántico septentrional existe una zona poblada por una alga conocida como sargazo que, debido a cambios en la química del agua, está sufriendo un incontrolado crecimiento.

El año pasado fue capaz de conectar las costas del oeste de África y el Golfo de México con un puente natural de 20 millones de toneladas de algas.

En una región septentrional del océano Atlántico existe una zona inusual rodeada de potentes vientos y con un centro tranquilo y fantasmal donde los antiguos navegantes a vela quedaban varados hasta encontrar la muerte. La gran mayoría de las personas conocen la sección más famosa de esta zona como “triángulo de las Bermudas”. Sin embargo, lo que muchos no saben es que, en realidad, el triángulo abarca mucho más y que se conoce como mar de los Sargazos.

Una de las primeras referencias a esa zona vino de la mano de Cristóbal Colón en el siglo XV. De hecho, el navegante utilizó esas corrientes de aire para poder descubrir más adelante América. En sus diarios, Cristóbal Colón dejó constancia de las “manadas de hierbas verdes” que dan nombre a ese mar.

No obstante, cabe destacar que no se trata de cualquier planta, sino un género de macroalgaconocidas como sargazo (Sargassum) y que han visto en este mar el lugar perfecto para desarrollarse debido a las cálidas temperaturas de su superficie.

Debido a las barreras que forman las corrientes, el sargazo ha permanecido en el centro de ese mar, acechando siempre a los navegantes que quedaban enredados entre las espesas masas de vegetación. Sin embargo, algo ha cambiado en ese mar. Desde 2006 diversos científicos han observado como sus fronteras se están expandiendo e, incluso, cómo esas algas han invadido las costas cercanas.

El año pasado, los científicos registraron el mayor episodio de invasión de sargazo. Durante 2018, la masa de esta alga alcanzó tal magnitud que fue capaz de conectar las costas del oeste de África y el Golfo de México. La masa de ese puente natural se cuantificó en 20 millones de toneladas, similar al peso aproximado de 200 portaviones completamente cargados.

Ahora, un reciente estudio, encabezado por el Dr. Chuanmin Hu, de la Facultad de Ciencias Marinas de la USF, ha compilado todos esos datos en un estudio y ha expuesto que “esta tendencia de crecimiento incontrolado es posible que se convierta en un hecho habitual”.

En dosis dispersas en mar abierto, el sargazo contribuye a la salud del océano, al proporcionar hábitat para tortugas, cangrejos y demás fauna marina, y produce oxígeno mediante la fotosíntesis como otras plantas”, explicó el Dr. Mengqiu Wang, coautor del estudio.

Sin embargo, “demasiada cantidad de estas algas dificulta que ciertas especies marinas se muevan y respiren, especialmente cuando las capas cubren la costa. Cuando muere y se hunde en el fondo del océano en grandes cantidades, puede sofocar corales y pastos marinos”, añadió.

En este sentido, António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, vio esta semana de primera mano los efectos negativos de esta creciente plaga en la Bahía Praslín, en la isla de Santa Lucía.

“Hoy he visto de primera mano el grave impacto que tiene el sargazo en la Bahía Praslin y en sus habitantes, amenazando la economía de toda una comunidad y poniendo en riesgo el precioso ecosistema marino”, dijo este jueves el Secretario General.

Contaminación, el alimento del sargazo

El equipo de científicos identificó que la multiplicación de esta alga se debió a que la química del océano “cambió en esas zonas durante esos años”. Sin embargo, esa no se transformó de la noche a la mañana, sino que fue impulsada a través de los años y gracias a la actividad humana.

“La explosión de sargazo se correlaciona con aumentos en la deforestación y el uso de fertilizantes, que han aumentado desde 2010”, detalló el doctor. Estos nutrientes esenciales para el alga, según el experto, llegaron a través de los caudales de los ríos. Unos caudales que crecieron durante los últimos años debido al aumento de las lluvias.

Con los resultados de este estudio, según el grupo de científicos, esperan que se “proporcione una mejor comprensión y respuesta a este fenómeno emergente”, dijo Hu. “Necesitamos mucho más trabajo de seguimiento“, concluyó.

Vía: elagoradiario

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