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¿Algunos peces pueden nadar después de la muerte?

Un equipo de científicos descubrió que algunos peces, a pesar de estar muertos, son capaces de seguir nadando en determinadas condiciones gracias a los vórtices que generan los obstáculos que se pueden encontrar en los cauces de los ríos, como las rocas.

“Lo que está muerto no puede morir”. Esta frase de la serie Juego de Tronos parece no tener sentido ya que una vez que un ser muere, deja de realizar todas sus funciones e, incluso, existir. Sin embargo, una vez más, la realidad supera a ficción y, efectivamente, nos podemos encontrar con muchísimas situaciones extraordinarias relacionadas, como que un pez sea capaz de seguir nadando contracorriente a pesar de carecer de vida.

En concreto, ese escenario fue con el que se encontró un equipo de investigadores del MIT y de Harvard mientras estudiaban la forma en que las truchas vivas conservan la energía nadando detrás de obstáculos que bloquean las corrientes de agua. Durante uno de los experimentos, los científicos vertieron en el canal de pruebas un pez muerto en vez de uno vivo, pero, para su sorpresa, el inerte ser comenzó a comportarse en el agua como si estuviese vivo.

“Fue increíble y muy contraintuitivo a la vez. No tenía ni idea de que las truchas fueran capaces de nadar río arriba sin gastar energía”, comentó Michael Triantafyllou, investigador del MIT, en este estudio publicado en la revista Journal of Fluid Mechanics.

A partir de ese momento, los investigadores comenzaron a indagar en el asunto y descubrieron que la clave del este misterioso fenómeno residía en los objetos que bloquean el flujo natural del agua, como las rocas.

Imagen que muestra el pez muerto nadando | Foto: Journal of Fluid Mechanics

Según sus observaciones, los vórtices que se crean en la corriente a medida que el flujo del agua golpea los obstáculos son capaces de agitar la cabeza de los peces y sus colas en resonancia. Esto inclina el cuerpo de tal manera que los vórtices, que causan una caída de presión, aplican una fuerza de succión que impulsa al pez hacia adelante.

“Tienes un flujo detrás del obstáculo que crea una corriente continua de remolinos. Cada remolino contiene energía y también hace que la presión en el fluido disminuya. El remolino hace que el cuerpo se agite de un lado a otro, y el pez se las arregla para extraer energía”, explicó Michael Triantafyllou.

Cabe destacar, que los vórtices a veces no son capaces de generar ese movimiento en los peces por sí solos. Durante el experimento, los investigadores observaron que para que el pez extraiga suficiente energía de la corriente para superar su propio arrastre, se debe colocar con mucho cuidado. Si está muy cerca de los vórtices, la succión del obstáculo lo atraería. Si está muy lejos, no podrán aprovecharse de este beneficio.

Ante la gran diversidad de situaciones que se les depara a los peces, estos están equipados con unos sensores que les ayuda a situarse en la mejor posición, entrando así en juego sus cualidades biológicas: “Si quieres hacerlo en la vida real, no puedes confiar en los accidentes”, señaló Triantafyllou.

Este hallazgo se descubrió hace más de una década, pero el equipo de investigadores no ha parado de experimentar y seguir trabajando en base al fenómeno de los vórtices y la gran capacidad sensorial de estos seres acuáticos.

Por ejemplo, uno de sus proyectos quiere reproducir los bigotes de algunos peces, con ayuda de una impresora 3D, con el fin de construir un artefacto capaz de detectar las perturbaciones en el agua que se dejan ver en los vórtices del líquido.

Vía: elagoradiario

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